Técnicas de grupo: Dinámicas de Grupo. 13.
Las dinámicas de grupo tiene un objetivo
concreto y analizan un tema utilizando vías diferentes a las habituales
(juegos, actividades...)
Las dinámicas de grupo utilizadas
correctamente en formación tienen el poder de activar y estimular al individuo
y al grupo reforzando el aprendizaje y facilitando el logro de objetivos.
Alguna de las características de las técnicas
grupales se exponen a continuación:
- Son maneras, procedimientos o
medios sistematizados de organizar y desarrollar la actividad del grupo.
- Están fundamentadas científicamente, su
eficacia ha sido suficientemente probada en la experiencia.
- Permiten estructurar, estimular e integrar
al grupo, para que éste pueda operar provechosamente en cualquier dirección.
- Su valor depende de la
utilización y adecuación a las necesidades, objetivos, metas del grupo,
características intra e intergrupales, etc.
- No son un fin en sí mismas, sino
instrumentos o medios para el logro de la verdadera finalidad grupal.
Los principios generales para su utilización
son:
- Se deben conocer previamente los fundamentos
teóricos de la dinámica de grupos.
- Es conveniente conocer al grupo, su dinámica
y sus problemas.
- Si no las hemos utilizado en muchas
ocasiones o en ninguna, debemos seguir al pie de la lletra el procedimiento
indicado. Con la experiencia se podrán hacer adaptaciones y cambios.
- La utilización de la técnica deberá tener un
objetivo claro. Aunque, en muchos casos, se llevan a cabo jugando, no son un
juego.
- Las dinámicas requieren una atmósfera
cordial, democrática y de cooperación.
Para elegir una buena dinámica hay que tener
en cuenta:
- Los objetivos que se pretenden conseguir.
- La madurez, cohesión y preparación de grupo.
- El tamaño y composición del grupo.
- El ambiente físico y emocional.
- Las características de los/as alumnos/as y
del grupo.
- La capacidad y experiencia del/ de la
formador/a.
* Al seleccionar para nuestro programa cualquier estrategia o
método didáctico, conviene que tengamos en cuenta los siguientes criterios:
(Pilar del Pozo; 1997: Formación de
Formadores)
- Características de la materia o tema.
- Objetivos que se pretenden.
- Número de alumnos/as.
- Disposición de la sala.
- Recursos disponibles.
- Adecuación de las ayudas
visuales al tema.
- Tiempo disponible para la
formación.
- Nivel de conocimiento de los/as
alumnos/as sobre el tema.
* Hemos de tener en cuenta también:
- Es muy difícil que un/a formador/a utilice
una sola estrategia cada vez.
- Lo normal es combinar dos o más
estrategias, dependiendo sobre todo del número de objetivos que se presenten y
del tiempo destinado a la formación.
3.3.2.3. Enseñanza individualizada
Los aprendizajes deben adaptarse, en la medida
de lo posible, a las características individuales de los/as alumnos/as, a sus
necesidades e intereses.
Esto supone, en la práctica, la
adopción de una serie de principios metodológicos y estrategias didácticas:
a)
Partir de la situación real de aprendizaje de cada alumno/a; la cual
podemos diagnosticar de modo efectivo a
partir de una evaluación inicial (por ejemplo, con un cuestionario para
detectar las ideas previas de los/as alumnos/as con respecto al tema objeto de
aprendizaje).
b)
Evaluar la propia práctica docente y contrastarla con las necesidades
formativas del alumnado.
c)
Flexibilizar y reorganizar todos aquellos elementos de la programación
didáctica (objetivos, contenidos, metodología, recursos, organización del
aula...) susceptibles de adaptación a las necesidades formativas de los/as
alumnos/as.
d) Tener en cuenta las circunstancias sociales, familiares,
formativas, etc. de cada alumno/a. Para ello, sería conveniente y se hace
precisa una adecuada actividad de tutoría y orientación por parte del profesorado; así como el trabajo
coordinado con los demás agentes o personas involucradas en el proceso de
formación de los/as alumnos/as: coordinadores/as, tutores/as, etc.
e)
Crear un clima adecuado de diálogo, comunicación y confianza mutua entre
alumnos/as y formadores/as.
3.3.2.4. Las Habilidades
Docentes
El/la formador/a es una persona
especializada en un área ocupacional concreta que planifica acciones de
formación, al mismo tiempo que facilita la adquisición de conocimientos
teóricos y prácticos, necesarios para su desempeño mediante las acciones
formativas que desarrolla.
El/la formador/a ha de contar con tres tipos
de competencias:
1. Competencia técnica: se requiere
actualización de conocimientos, tareas como la búsqueda de información,
formación continua, así como capacidad para realizar un trabajo no rutinario
con responsabilidad.
2. Competencia didáctica: se requiere que la
persona que actúa como docente lleve a cabo una interacción adecuada con
personas o grupos, que sepa identificar problemas y plantear soluciones a los
mismos.
3.
Competencia social: la capacidad de integración en el desarrollo de su
profesión de aspectos como el trabajo en equipo, la cooperación, tolerancia,
flexibilidad, capacidad de convivir con las diferencias por razón de género,
raza, cultura y generar dichas competencias en el alumnado.
Un/a buen/a formador/a debe reunir una serie
de habilidades generales y específicas, con el fin de lograr una buena
comunicación con los oyentes que garanticen una serie de resultados óptimos en
el proceso de aprendizaje. Dichas habilidades las podemos resumir en:
1. Habilidades generales:
Son las que se utilizan en cualquier curso o
situación de formación y que permiten establecer un buen clima, motivar a los
participantes, mantener el esfuerzo en el cumplimiento de objetivos y cerrar
eficazmente la sesión.
- Crear un buen clima: ayuda a los
participantes a sentirse bien en el espacio de aprendizaje, facilitando a su
vez el mismo; conseguiremos que los/as alumnos/as se liberen de tensiones y temores,
estableciéndose relaciones armoniosas entre los/as profesores/as y alumnado.
Cuando el clima de aprendizaje es inadecuado,
los/as alumnos/as no se sienten integrados y serán reticentes a integrarse en
el proceso, dificultando el desarrollo del mismo.
De esta forma, el/la formador/a
debe ser capaz de desarrollar esta habilidad con el fin de conseguir, desde el
comienzo, un buen clima y un adecuado nivel de motivación. Para conseguirlo,
el/la formador/a debe tener en cuenta una serie de pasos que detallamos a continuación:
¿QUÉ HACER? ¿CÓMO HACERLO?
Saludos previos Según van llegando
Escribir los nombres en tarjetas
y que cada alumno/a la ponga en su mesa
Proporcionar confort Aumentar la visibilidad
Adecuar la temperatura
Reducir los ruidos
Informar sobre la logística Descansos
Horario
Técnicas para romper el hielo
(Ice Breaker) Juegos
Humor
Acordar las reglas del juego Informar de las reglas
Reglas sugeridas
Flexibilidad de la reglas
Negociaciones Consenso del grupo
- Saber motivar: para
conseguirlo, el/la formador/a debe poner en juego una serie de acciones que
tienen como objetivo que los/as alumnos/as se sientan partícipes en el proceso
y deseosos de adquirir los conocimientos. Para ello, se aplicarán técnicas de
motivación positiva antes de la realización de la actividad, distinguiéndose
varias clases según el objetivo que persiguen:
TIPOS TÉCNICAS
Dirigidas a resultados Mostrando un ejemplo de lo que pueden
conseguir si alcanzan los objetivos.
Beneficios adicionales.
Dirigidas a dar seguridad en el
éxito Expectativas de éxito.
Dirigidas a destacar la
importancia del aprendizaje Invitando a
expertos.
Oficialidad de la formación.
Dirigidas a dar importancia al proceso
formativo Expectativas acerca del
proceso.
- Mantener la entrega: Al inicio del
curso, los/as alumnos/as suelen estar muy motivados debido a todo aquello que
rodea a la formación y que resulta novedoso. Este interés decae a medida que el
curso avanza, especialmente si es de larga duración, produciendo un efecto
negativo en los/as alumnos/as que se refleja en el seguimiento inadecuado de la
formación y en la desmotivación de los/as mismos/as.
Para que no se produzcan estas situaciones,
el/la formador/a ha de recurrir a distintas acciones para mantener la entrega.
El momento idóneo para recurrir a ellas
se establece habitualmente sobre la mitad y finalización de la
formación, si bien es cierto que el indicador a seguir es el estado que refleja
el propio alumnado.
A continuación mencionamos algunos recursos útiles que nos pueden servir de
ayuda para lograr mantener el interés de los/as asistentes:
* Resumir lo aprendido hasta la fecha:
es importante resumir los avances obtenidos por los/as asistentes, haciéndoles
ver los logros obtenidos. Siempre se debe recalcar lo positivo, no lo negativo.
*
Volver a dirigir hacia los objetivos: a pesar de cada grupo
tiene definidos unos objetivos comunes en la formación, los individuos que lo
componen mantienen intereses distintos. De esa forma, recordar a los/as
participantes los objetivos de la formación resulta útil para paliar dicho
problema.
*
Animar a la participación constante: que un/a alumno/a no
participe en el proceso de formación es indicativo de que la cosa no va bien.
Esto puede ser originado por varias razones, las cuales hay que averiguar para
actuar en consecuencia. Por tanto, el/la
formador/a debe estar atento/a a aquellas personas que no participan y
animarles a que lo hagan, reforzándolas en todo momento.
*
Renovar las relaciones personales: el trabajo en equipo es una
de las principales herramientas en cualquier proceso formativo; aunque a veces
presenta su dificultad. No obstante, es conveniente utilizar este tipo de dinámicas a lo largo de la acción para
fomentar el espíritu de grupo y hacerles ver que la consecución de objetivos es
cosa de todos, no sólo de uno.
*
Recuperar los buenos sentimientos y la energía: las sesiones de
formación suelen ser intensas y por ello, es aconsejable introducir momentos
distendidos en el desarrollo de las sesiones que amenicen el proceso de
aprendizaje.
- Finalización o cierre de la sesión
formativa: los cierres
defectuosos disminuyen el efecto del curso, por este motivo es necesario
reservar suficiente tiempo para esta tarea, y evitar las prisas a la
finalización de la misma.
El objetivo del cierre es
ayudar a los/as alumnos/as a diseñar un
esquema global de lo aprendido y ofrecer alguna orientación para el futuro o
información adicional que podría ayudarles. Además, es aconsejable recordar las
cosas buenas ocurridas durante la sesión y felicitar a los/as alumnos/as por
los logros conseguidos. Asimismo, conviene ofrecer al alumnado la posibilidad
de alguna forma de contacto (teléfono, correo electrónico, etc.) con el fin de
mantener futuros contactos relacionados con la materia expuesta.
2. Habilidades básicas:
A continuación exponemos dos habilidades que
todo/a formador/a debe dominar en cualquier proceso de enseñanza-aprendizaje:
saber preguntar y saber escuchar.
- Saber preguntar: la
técnica de preguntar requiere conocimientos y experiencia. El objetivo de la
formulación de preguntas es hacer participar al alumnado y que entren en
debate, haciéndoles reflexionar sobre sus puntos de vista. También sirve para
evaluar la comprensión de lo explicado.
Podemos distinguir varios tipos de preguntas:
*
Abiertas: son las que animan a la gente a pensar, permitiendo
responder sin limitaciones. Constituye una herramienta fundamental para
conseguir información. A veces las respuestas son demasiado largas, por lo que
conviene controlarlas con respuestas cerradas o profundas.
Ejemplo: ¿Qué opinas sobre...?;
¿Qué harías si...?; ¿Cómo valoras....?
* Cerradas: son aquellas que obtienen
una respuesta concreta, generalmente un sí o un no. Sirven bien para terminar
con la divagación de un interlocutor que ha perdido el hilo del discurso, o
bien para que concrete y adquiera un compromiso.
Ejemplo: ¿entonces, estás de acuerdo con esto?
* Profundas: son preguntas abiertas o
cerradas que hacen que el/la interlocutor/a considere los temas con más
detenimiento.
Ejemplo: ¿De qué tipo, entonces, de estilo de
aprendizaje estamos hablando?
* Reflejo: sirven para reflejar el
punto de vista del interlocutor.
Ejemplo: ¿Qué opinión te merece el estilo de
enseñanza autoritario?
* Directiva: son las que condicionan o
manipulan las respuestas. Entre ellas, el/la formador/a indica por adelantado,
de alguna manera, cuál es la respuesta que prefiere.
Ejemplo: Por lo que habéis
comentado, el problema es que... ¿es así, verdad?
A pesar de haber diferenciado
distintos tipos de preguntas, debemos intentar que éstas vayan dirigidas al
auditorio en general, siempre que sea posible. También intentaremos que no respondan
siempre las mismas personas, para dar pie a la participación de todos/as.
Es frecuente que al realizar alguna pregunta,
ésta vaya seguida de un largo silencio. Debemos mantenerlo y nunca romper el
silencio reformulando nuevamente la pregunta o contestándola nosotros/as
mismos/as. Las preguntas exigen pensar, por lo que el silencio es algo
habitual. No obstante, si el silencio es prolongado, se creará un ambiente de
tensión entre el alumnado palpable en el rostro y miradas de éstos/as, que
debemos romper con alguna pregunta como
por ejemplo: ¿tenéis algún problema para responder a la
pregunta? o ¿qué es lo que no entendéis
de la pregunta?.
- Saber escuchar: es una de
las cualidades que como instructor/a se debe tener y dominar. Esta habilidad
permite captar mejor la información y conocer los sentimientos de las personas para
hacer que se sientan integrados en el grupo.
El saber escuchar conlleva una
serie de requisitos:
* Ser sensible a las palabras y a lo que hay
escondido detrás de las palabras.
* Desarrollar una empatía sincera con la otra
persona.
* Mantener una postura de respeto por el que habla.
* Desarrollar una posición de postura hacia
nuestro propio cambio.
* Eliminar barreras físicas.
* Eliminar la posibilidad de interrupciones.
* Controlar las emociones propias.
* Proporcionar feedback o retroalimentación
(hacer saber al que nos habla que le estamos
escuchando).
* Tomar notas.
3. Habilidades de apoyo
A través de estas habilidades, el/la
formador/a ayuda a los/as participantes en el proceso de enseñanza-aprendizaje,
tanto en grupo como individualmente, a que expresen y compartan ideas, e
incluso sentimientos. En este papel de proporcionar apoyo, los/as formadores/as
participan activamente en las actividades de aprendizaje.
Es un rol difícil que exige
dominar las siguientes habilidades:
- Establecer cohesión y
cooperación: nos referimos al trabajo en grupo. Los/as formadores/as deben
intentar que los/as alumnos/as trabajen en grupo para alcanzar la máxima
cooperación y ayuda mutua. Lo primero que deben hacer los/as formadores/as es
informar sobre los objetivos a alcanzar, definiendo cuáles van a ser los pros y
los contras para conseguirlos. Seguidamente, crear un buen ambiente donde
los/as participantes se sientan seguros y perciban que sus opiniones son
tenidas en cuenta.
El saber escuchar conlleva una
serie de requisitos:
* Ser sensible a las palabras y a lo que hay
escondido detrás de las palabras.
* Desarrollar una empatía sincera con la otra
persona.
* Mantener una postura de respeto por el que habla.
* Desarrollar una posición de postura hacia
nuestro propio cambio.
* Eliminar barreras físicas.
* Eliminar la posibilidad de interrupciones.
* Controlar las emociones propias.
* Proporcionar feedback o retroalimentación
(hacer saber al que nos habla que le estamos
escuchando).
* Tomar notas.
3. Habilidades de apoyo
A través de estas habilidades,
el/la formador/a ayuda a los/as participantes en el proceso de enseñanza-aprendizaje,
tanto en grupo como individualmente, a que expresen y compartan ideas, e
incluso sentimientos. En este papel de proporcionar apoyo, los/as formadores/as
participan activamente en las actividades de aprendizaje.
Es un rol difícil que exige dominar las
siguientes habilidades:
- Establecer cohesión y
cooperación: nos referimos al trabajo en grupo. Los/as formadores/as deben
intentar que los/as alumnos/as trabajen en grupo para alcanzar la máxima
cooperación y ayuda mutua. Lo primero que deben hacer los/as formadores/as es
informar sobre los objetivos a alcanzar, definiendo cuáles van a ser los pros y
los contras para conseguirlos. Seguidamente, crear un buen ambiente donde
los/as participantes se sientan seguros y perciban que sus opiniones son
tenidas en cuenta.
Es importante establecer un
acuerdo sobre la forma de trabajar en grupo, siempre llegando a un consenso con
el auditorio. Una vez que se han
establecido las reglas de actuación, se deben estructurar los debates ayudando
al grupo a que no se pierda en discusiones que se alejen de los objetivos
previstos.
Es muy frecuente, también, que los alumnos/as
entren en dinámicas de hostilidad a lo largo del proceso formativo, las cuales
se deben evitar. Para conseguirlo se intentará desviar el tema, hacer algún
resumen e incluso cambiar de actividad.
- Pedir la experiencia y el conocimiento del/
de la alumno/a: compartir las experiencias personales relacionadas con la
materia de cada participante resulta enriquecedor en cuanto a la formación y las
relaciones del grupo. Para ello, el/la formador/a deberá recurrir a actividades
que potencien este tipo de actitudes.
Un consejo es conocer bien al grupo de
alumnos/as, concretamente en lo que se refiere a sus ocupaciones; ya que
facilitará la puesta en común de actividades relacionadas con sus características.
- Animar a la participación: es muy importante
que el/la formador/a fomente la participación del grupo, que se involucre en el
proceso formativo; ya que esta actitud beneficiará el desarrollo del
aprendizaje de los/as alumnos/as.
A continuación se exponen una serie de reglas
para realizar esta tarea:
* Se utilizarán preguntas de aplicación, tales
como: ¿Cómo utilizaremos...?, ¿En que situación aplicaríamos...?, etc.
* Presentando la información de forma amena y
de menor a mayor dificultad.
* Hacer grupos con distintas
responsabilidades.
* Utilizar un lenguaje sencillo.
* Mantener las actividades centradas en los/as
participantes.
-
Mantenerse neutral durante las actividades: y apoyar los distintos puntos
de vista de los/as
alumnos/as. Esto ayuda a que el
alumnado participe en las sesiones de formación, eliminando
cualquier prejuicio a actuar
debido a las ideologías y pensamientos de cada uno/a.
4. Habilidades de presentación
Con ello hacemos referencia a la presentación
del material que realiza el/la formador/a a los/as alumnos/as. Este proceso
requiere que los/as formadores/as estructuren el material que hay que aprender
para ayudar a los/as participantes a asimilar el mismo. En este papel, los/as formadores/as
están íntimamente involucrados/as en
ayudar a los/as alumnos/as a aprender.
Para ser eficaces en este papel
de presentador de la información, los/as formadores/as deben utilizar, entre
otras, una serie de habilidades como son: comunicar y estructurar la
información.
- Comunicar: es un proceso
bidireccional entre los/as participantes en el proceso de enseñanza-aprendizaje: alumnos/as y formador/a. Este proceso
requiere una adecuada preparación para que sea lo más efectiva posible:
disposición del aula, características de los/as alumnos/as, organizar y
preparar la información a presentar, etc.
El gran inconveniente es que al final este tipo de comunicación se acabe
convirtiendo en unidireccional, que sería el tipo de comunicación tradicional
utilizada en el aula. Este tipo de comunicación hace que los/as alumnos/as
permanezcan pasivos y sean meros receptores de información y que, al final,
lleve a la frustración y el aburrimiento en clase.
Por lo tanto, la comunicación bidireccional
permitirá compartir distintas ideas e interpretaciones, que ayuden a aclarar
los distintos conceptos expuestos por el/la formador/a. Del mismo modo, los
temas resultarán más interesantes, facilitando el aprendizaje de los mismos.
Para que la comunicación bidireccional sea
efectiva se deben intercambiar los roles de comunicación; es decir, tanto el/la
formador/a como el asistente deberán ser emisores y receptores de la
información.
-
Estructurar: la estructuración consiste en la organización de la
presentación y el enfoque y énfasis en características estructurales para
ayudar a los/as alumnos/as a organizar la información internamente, de forma que
el almacenamiento y la recuperación sean más fáciles.
Estructurar la presentación
requiere que los/as formadores/as mantengan durante su presentación un balance
delicado entre detalles de apoyo, ejemplos y las características estructurales
clave. Además de las características
citadas distinguimos otras como son la utilización del movimiento corporal y el
manejo de ayudas visuales.

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