viernes, 19 de octubre de 2012

El formador


El formador

Junto con el grupo de los alumnos o destinatarios de la formación, el formador el otro protagonista esencial en el proceso de enseñanza-aprendizaje y en la inter ción didáctica que se produce en el seno de dicho proceso.

a} Funciones del formador

Básicamente, el formador debe presentar las Sientes actitudes:

El formador debe facilitar y ayudar pedagógicamente a sus alumnos, siendc consciente de su obligación de hacer posible que puedan desarrollar todas sus potencialidades en cuanto a habilidades, aptitudes, etc. En este sentido, todo formador debe ser:

            * Auténtico, al ser capaz de ser congruente, auténtico y sincero respecto de
su interacción con los alumnos.

            * Empático, al desarrollar la capacidad de captar la intensidad emocion
que los mensajes de los alumnos puedan expresar.

            * Considerado, mediante el respeto y el aprecio, en su justa medida, de las
manifestaciones afectivas de los alumnos.

Todo ello acompañado de un clima de diálogo humano, que contribuya a crea: un adecuado ambiente de seguridad para eliminar las posibles dificultades que puedan surgir.

El formador debe enseñar de tal forma que, cuando un alumno se enfrente al hecho de adquirir nuevos conocimientos, habilidades o actitudes, estimule apropiadamente su capacidad de análisis, la síntesis, la capacidad crítica, la posible aplicación de los conocimientos adquiridos, y la evaluación. Por tanto, facilita la información y adiestra en el uso de nuevos procesos pedagógicos, asegurándose de que los alumnos aprenden lo que tienen que aprender, y según los objetivos y expectativas previstos. El formador debe organizar, así como planificar y gestionar la acción formativa, y para ello debe:

            *          Establecer para cada acto formativo los objetivos partiendo de las      propias necesidades del grupo.

            *          Organizar y seleccionar los distintos tipos de contenidos, así como    las actividades y los recursos didácticos más apropiados.

            * Evaluar el proceso y los resultados conjuntamente con los alumnos.
            Proponer, usar, sugerir, explicar, resumir, etc., los conocimientos que se
            van adquiriendo en cada sesión formativa.

            * Ser capaz de interpelar al grupo de alumnos o al alumno concreto para
            suscitar la capacidad de investigación y la participación activa de todos.

El formador debe regular y/o catalizar la buena, correcta y adecuada cohe      sión del grupo de alumnos, estando alerta ante posibles tensiones y conflictos, haciendo que los objetivos individuales reviertan siempre en los objetivos comunes.

Del equilibrio de estas cuatro actitudes se derivará una adecuada solidez y cohesión en la práctica docente del formador, haciendo que su actividad esté compensada en todo momento y adaptada según las circunstancias que vayan surgiendo a lo largo de todo el proceso de enseñanza-aprendizaje .


Perfil del formador

Si un formador concreto aspira a desarrollar su cometido con la adecuada competencía. eficiencia y profesionalidad, debe reunir una serie de cualidades, así como los conocimientos, habilidades y actitudes adecuadas. Grappin, ayudándose de un símil anatómico, establece las cualidades que debería reunir un verdadero formador. En este sentido, afirma que los formadores son mujeres y hombres que deben tener "algo en la cabeza, en el estómago y el corazón". Veamos por qué:

En la cabeza, respecto del fondo y la forma, ya que debe dominar la materia que imparte, saber situarla en el espacio y en el tiempo, y saber organizarla aclarando y expresando sus distintos aspectos.

En el estómago, respecto a la capacidad para poder aguantar con entereza un auditorio concreto sin irritarse a pesar de que haya motivos para ello, sabiendo dirigirlo sin caer en la dictadura, posibilitando la expresión de las individualidades sin que perjudiquen a la generalidad del grupo, y siendo riguroso respecto a los objetivos y programa establecidos al mismo tiempo que tolerante.

En el corazón, amando su oficio de formador, formando e informando para descubrir, comprender y admitir sus propias dificultades, ayudando a los alumnos a que consigan estar seguros de su aprendizaje y de sí mismos, corrigiendo, si procede, sus propias concepciones sin provocar confusión entre lo que interesa y.lo que es de su interés. Ser generoso y estar disponible.

Una cuestión a tener en cuenta, y que no debemos confundir nunca en cuanto a la competencia profesional se refiere, es la que se deriva de las diferencias entre un formador y un responsable de formación, ya que no es lo mismo uno que otro. En el cuadro que sigue se expresan los perfiles de ambos










   
DIFERENCIAS ENTRE EL FORMADOR Y EL RESPONSABLE DE FORMACIÓN

Carácteristicas
Formador
Responsable de formación
Competenciales

- Técnicas y tecnologías formativas.
- Diagnóstico de necesidades de formación.
- Análisis de puestos de trabajo y per-
files profesionales correlativos.
- Evaluación de la formación.

- Técnicas formativas.
- Plan de formación.
- Planificación estratégica.
Empresariales.
- Recursos Humanos.
- Formación de Formadores.

Conductuales

- Capacidad pedagógica y docente.
- Capacidad de síntesis.
- Minuciosidad.
- Observación de conductas.

- Técnicas de presentación.
- Conductas creativas.
- Técnicas de negociación.
- Habilidades sociales.

Actitudinales
- Trabajo en grupo.
- Responsabilidad.
- Motivación por metas a corto plazo.
- Desarrollo de conductas asertivas.

- Flexibilidad frente al cambio.
- Trabajo en grupo.
- Motivación de logro elevada.
- Motivación por metas a largo plazo





Con todo ello, se podría afirmar que un buen formador debería reunir las siguierr
tes cualidades básicas:

POSIBLES CUALIDADES DE UN BUEN FORMADOR
CONOCIMIENTOS
ACTITUDES
HABILIDADES
- Un nivel cultural medio/alto.

- Especialista en la materia a impartir.

- Con conocimientos gene-
rales tanto empresariales
como laborales.

- Preparación pedagógica.

- Capacidad de flexibilidad y. adaptación.

- Buen comunicador y transmisor.

- Elevada capacidad de investigación, renovación y creatividad.

- Capacidad para el trabajo en grupo

- Buen planificador, gestor y organizador de la forma-
ción.

- Destreza en el manejo de
métodos, técnicas y recursos didácticos.



.


c) Características comportamentales del formador

Cuando el formador se encuentra en pleno acto formativo puede desarrollar distintos comportamientos ante el grupo de los alumnos, y cuya eficacia dependerá de las circunstancias concretas en que se desarrolle la acción formativa. Tomando como base los planteamientos propuestos en este sentido por Cesse', los comportamientos que el formador puede presentar pueden ser de dos tipos: convencionales y no convencionales.

Comportamientos convencionales: los presenta el formador en el contexto de un enfoque más o menos convencional de la formación y suelen ser a los que más se recurre.

Las preguntas abiertas: que pretende recoger el máximo de información posible de los alumnos, ya que suscita con ella la participación activa, apela a las aportaciones individuales y enriquece la reflexión en grupo, y verifica el nivel que los participantes presentan respecto al tema que se está tratando para poder ajustar luego sus intervenciones a dicho nivel.

Los silencios pedagógicos: que proporcionan a los alumnos un máximo de tiempo en el uso de la palabra, ya que, después de lanzada la pregunta, el formador guarda silencio para conceder a los alumnos el tiempo necesario para que reflexionen y se decidan por la respuesta.

La remisión al grupo: en donde el formador solicita del grupo que responda a las preguntas que los mismos alumnos le dirigen a él. 1.0 que permite al formador reflexionar sobre la respuesta que se debe dar a la cuestión planteada, al mismo tiempo que ofrece a los alumnos la posibilidad de intervenir de forma más protagonista en los debates (utiliza al grupo como recurso). Se trata de un método idóneo para comprobar el nivel del grupo con respecto al tema que se, trata.

El uso de historias y metáforas: en donde se introduce una historia o relato de una experiencia vivida con la intención de que se comprendan mejor los puntos tratados, los alumnos se relajen, se relacione la teoría y/o conceptos presentados con la realidad, y se motive a los alumnos ampliando el campo de reflexión.

La reformulación: que consiste en que el formador reformula o repite los comentarios de los alumnos usando los mismos conceptos, con lo cual demuestra que realmente escucha a los alumnos y se asegura que todos los participantes han retenido la información proporcionada por alguno de ellos. También sirve para conceder más tiempo en la respuesta a cualquier cuestión que se plantee por parte del grupo, y cuando ésta se sigue de silencios.

La elaboración constructiva: consiste en partir de una idea emitida por los alumnos y en la que el formador desarrolla un tema relacionado con lo tratado, o distinto, si lo estima conveniente. Posibilita la profundización en el tema relacionando ideas con otras ya tratadas o que se van a tratar, al mismo tiempo que se racionaliza el orden de tratamiento y estudio de los distintos puntos del tema.

Las síntesis periódicas: en donde el formador resume, al finalizar cada sesión o unidad didáctica, lo que se ha tratado, de tal forma que se concreten los aspectos esenciales del.mensaje pedagógico y, si procede, enlazar con lo que se va a tratar posteriormente.

La regla de tres, consistente en tres pasos: primero, anunciar lo que se va a decir; segundo, decirlo, y tercero resumir lo que se acaba de decir. Con este comportamiento pedagógico se pretende dar unidad a cada mensaje o sesión formativa.             .

Las expectativas hacia los alumnos: es decir, la confianza que se tenga en el éxito de los alumnos por parte del formador influye en los logros de aquellos. O, lo que es lo mismo, si se confía en que un alumno está capacitado para conseguir buenos resultados, al final acaba consiguiéndolos; y al contrario, si creemos que un alumno obtendrá malos resultados no le prestaremos tanta atención y seguramente fracasará. Con esta actitud se pretende apoyar permanentemente el proceso de aprendizaje, generando confianza y seguridad en el alumno y potenciando el desarrollo de cualidades y habilidades.

También llamado efecto Pigmalión, y más que un comportamiento se trata de un principio de carácter general que debe orientar cualquier actuación del farmador en el aula y con el grupo de alumnos.

Los comportamientos no convencionales: este tipo de comportamiento en el formador depende, sobre todo, de las propias características del grupo formativo y se usan tanto como los convencionales,

El formador que "no comprende": con este comportamiento simulado el formador plantea una serie de preguntas que reformula malo hace inadecuada mente de forma intencionada con la intención de forzar a los alumnos a que profundicen y precisen sus ideas y argumentos, El riesgo está en que suele crear frustración entre los participantes y también desencadena reacciones neqativas".

El alumno puede sentir y pensar que como es incapaz de comprender la pregunta lo mejor es dejar de participar (repliegue en sí mismo) o bien puede tomar una actitud negativa (agresiva).

El formador como provocador: tiene por objeto suscitar y desarrollar el juicio crítico en los alumnos e impulsarlos a que maticen sus posturas haciendo que reformulen sus argumentos con exaqeración. Puede ocasionar cierto bloque o actitud negativa para proseguir en los alumnos.

La llamada "pedagogía de la provocación" se basa en unas actitudes (1. Que el adulto sabe lo que quiere y que es capaz de aceptarse para lograr sus objetivos; 2. Que el papel del formador es el de estimular a cualquier costa la reflexión del alumno/a; 3. Que el conflicto entre formador y alumno es aceptado y deseado por ambos.) y unos comportamientos determinados (1. El fonador provoca al alumno usando generalizaciones; 2. El formador lleva sus razonamientos al extremo y provoca el "choque" con los alumnos; 3. El formador usa expresiones como "todos", "nadie", "siempre", "nunca", "imposible", etc.).

La desviación pedagógica: en este caso el formador responde de pasada a las cuestiones que suscitan los alumnos, intentando con ello desviar el diálogo sobre el tema de reflexión y sugiere al mismo tiempo otras pistas posibles como elementos de análisis. Con ello se pretende fomentar la posibilidad de otros puntos de vista, la creatividad o la posibilidad de examinar las cuestiones desde otras perspectivas nuevas,



La pedagogía del error: en ella se cometen voluntariamente errores por parte del formador en la exposición o demostración de tal forma que se mantenga la atención de los alumnos (que han sido prevenidos previamente por el formador) para que detecten los errores y corregirlos a su debido tiempo, dando con todo ello un carácter activo de reflexión en los alumnos.

El formador sarcástico: en este caso el formador realiza comentarios sarcásticos respecto de los alumnos intentando provocar en los mismos reacciones de afirmación y la voluntad de demostrar sus conocimientos y competencia. El alumno intentará demostrar que no es tan estricto o intransigente como pretende el formador, probando que es tan capaz como los demás al tiempo que demuestra el error en el formador.

d) Otras situaciones provocadas por el formador

El formador, además de plantearse continuamente cómo debe actuar para que el acto pedagógico sea lo más motivador, estimulante y eficaz posible, debe contemplar otras situaciones concretas derivadas de su actuación y comportamiento como tal, así como en su relación con el grupo de alumnos. Debe, por tanto, adolecer de cierto don para ser capaz de comunicarse y de mantener relaciones interpersonales, así como para concentrarse en los contenidos como tareas, y en el proceso didáctico en que se esarrollan como relaciones. Desde esta óptica, dentro del aula o grupo de clase se pueden presentar tres tipos de situaciones pedagógicas concretas:


SITUACIONES PEDAGÓGICAS
SITUACIÓN AMBIGUA
SITUACIÓN ESTABLE
SIT. MUY ESTABLE

- Motivación de los alumnos escasa.

- Objetivos poco claros.

- Autoridad del formador no firme en cuanto a conocimientos y posición social dentro del grupo


- Fuerte / debil motivación de los alumnos

- Objetivos poco/muy claros.

- Autoridad del formador
poco/muy firme.


- Motivación de los alumnos fuerte

- Objetivos pedagógicos muy
claros

- Autoridad del formador muy firme.
Actitud del formado ante cada una de las situaciones pedagógicas.

Se centrará en el contenido pedagógico clarificando los objetivos formativos, seleccionando las prioridades y determinando los módulos síntesis sistemáticas y evalúaciones periódicas.

Orientará hacia el proceso pedagógico, clarificando las expectativas de los alumnos, intensificando la comunicación y la motivación, y creando un espíritu de equipo.


Se centrará en el contenido pedagógico, haciendo que se adquieran aptitudes y conocimientos relativos al tema pedagógico, discutiendo su aplicación, expío- randa los temas y analizándolos con detenimiento.


Todo ello en un clima de relación auténtica con los alumnos basada en la confianza, la estimulación intelectual, la expresión mutua de sentimientos y jovialidad, superando limitaciones sociales y culturales, y siendo uno mismo.







Otro aspecto a tener en cuenta por el formador es que debe remover cualquier obstáculo y ser capaz de mantener la motivación de los alumnos, y para conseguirlo debe incidir de forma continua tanto en el entorno pedagógico como en el mismo acto pedagógico.

Incidiendo en el entorno pedagógico: de tal forma que al incidir sobre él se refuerce la motivación, siempre que conduzca a eliminar aquellos factores que no son motivadores. Para ello debe tener en cuenta factores tales como la relación formador-alumno, las condiciones materiales de aprendizaje (aula, recursos, ambiente), la autoridad que ejerza el forníador y el sentimiento de seguridad de los propios alumnos.

Incidiendo sobre el acto pedagógico: es decir, sobre aquellos elementos propios de dicho acto, que, como consecuencia, incide directamente sobre la motivación del alumno. Se consigue haciendo al alumno responsable de su propio aprendizaje, haciendo que se desarrolle personalmente a partir de la adquisición de aptitudes y conocimientos (ser más y mejor), organizando el proceso de aprendizaje para que al alumno le resulte lo más fácil posible conseguirlo, y haciendo que el aprendizaje sea atractivo y se reconozcan los progresos conseguidos por los alumnos, para que se siente apoyado, animado y sostenido.

Finalmente, el humor y el suspense son dos aspectos a tener en cuenta en la incidencia que el formador puede tener en el grupo de alumnos, ya que todo acto formativo no deja de ser una "representación" en un escenario (clase) que cumple con los requisitos de una puesta en escena, al presentar la intriga, el desarrollo y el desenlace de la acción, unido todo ello a ciertas dosis de suspense que hace más eficaz el acto formativo, en tanto que provoca expectación e interés.

El humor formativo: permite que las discusiones se desarrollen con la menor tensión posible, facilita la consolidación del grupo al establecerse entre sus miembros una reacción afectiva común, suavizando los posibles conflictos y confrontaciones que surjan, a la vez que crea una cierta complicidad entre formador y alumnos y provoca momentos de esparcimiento y relajación de tensiones.

El suspense formativo: teniendo en cuenta que cualquier acto formativo conlleva ciertas dosis de concentración de energía manifestada en la velocidad del intercambio de ideas, si dicha energía es baja y se hace lenta y pesada la intervención pedagógica y la interacción casi no existen, el formador debe propiciar situaciones de drama y suspense haciendo que su intervención se produzca de forma que el "misterio" o "suspense" se descubra poco a poco, usando variedad en los métodos pedagógicos y provocando, con ello, que en los alumnos surja el ansia por conocer.



jueves, 18 de octubre de 2012


LA TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN Y EL PROCESO DE ENSEÑANZA-APRENDIZAJE
La  comunicación es la forma de interacción entre dos o más personas, ya sea mediante la palabra hablada o escrita, gestos, ademanes, expresiones emocionales, etc.; cuyo resultado es
el intercambio de significados que conducen a la comprensión y, en el mejor de los casos, a un
acuerdo, a un comportamiento adecuado.
3.1.1. Elementos que intervienen en el proceso de comunicación
A continuación, describiremos cuáles son los elementos que intervienen en un proceso de
comunicación:
* Emisor/a (Docente):
Es quien genera o comunica la información y, por tanto, quien escoge, en la medida de lo posible, el contenido y la estructura del mensaje, así como el medio y modo de transmitirlo a la persona receptora (el/la alumno/a).
* Código:
Es la ordenación y organización de las ideas mentales por parte de la persona emisora antes de emitir el mensaje. Es un conjunto de señales relacionadas entre sí, de manera que cada señal o conjunto de señales tienen asignada una función significativa. El código de un idioma es su alfabeto y su gramática; el código de la circulación está formado por las señales y sus reglas de uso. Necesariamente deben ser conocidas por la persona emisora y receptora.
* Mensaje:
Es el contenido de la comunicación. Canal:
Se denomina así al soporte físico por el que se transmite el mensaje (voz, teléfono, ordenador...), el medio a través del cual viaja y los sentidos mediante los que es captado por la persona receptora.
* Receptor/a (Alumno/a):
Es  la persona o personas destinatarias del mensaje. Su función no es pasiva, sino que intervienen en el proceso de comunicación a través de la respuesta.
* Descodificar:
Descifrar y comprender un mensaje, por parte de la persona receptora.
* Situación:
Llamamos situación al entorno ambiental y marco espacio-temporal y psicosociológico en el que se realizan las comunicaciones.

* Contexto:
Es preferible hablar de contexto en vez de situación, cuando nos referimos exclusivamente a
los mensajes anteriores y posteriores al que se está emitiendo en ese momento, ya sea de la
misma o de diferente naturaleza. En definitiva, son aquellos elementos (sonido, palabras, frases...) que preceden o siguen a un signo lingüístico.



• Además de los elementos anteriores, que aparecen en toda comunicación, particularmente en los procesos de enseñanza-aprendizaje hemos de tener en cuenta también:

* Retroalimentación o Feed-Back:
Es la respuesta de la persona receptora al mensaje de la persona emisora o efecto retorno. Es
la principal característica de la comunicación didáctica, ya que posibilita el que, alternativamente, persona emisora y receptora cambien de función con el fin de conseguir la
eficacia de sus comunicaciones.
Para que la comunicación sea efectiva, tiene que ser un proceso en doble sentido. Solamente cuando el circuito es completo, la persona que envía el mensaje puede estar segura de que dicho mensaje ha sido recibido e interpretado conforme se propuso. Así pues, es imprescindible que el efecto de retroalimentación sea doble o alternativo:
- De la persona docente al alumnado
- Del alumnado a la persona docente

* La Escucha:
Escuchar es una de las funciones más importantes de la relación humana y un factor fundamental en el proceso de comunicación didáctica. Escuchar le sirve al/ a la docente para recoger las dudas y opiniones de su alumnado; a éste/a para aprender del/ de la docente y del resto de los/as participantes. La escucha activa facilitará la correcta interpretación del mensaje emitido.
3.1.2. Recursos y técnicas utilizadas en la comunicación
El acto formativo es un complejo proceso de intercambios entre el/la docente y los/as alumnos/as.
Cuando interrelacionamos, la comunicación es una práctica cotidiana y gran parte del trabajo del/ de la docente se debe orientar a propiciarla al máximo.
La transmisión de conocimientos entre las personas se realiza a través de nuestro principal instrumento de comunicación: el lenguaje.
Para llevar a cabo una correcta y efectiva comunicación, los/as formadores/as  se apoyan en una serie de recursos que facilitan dicha labor y que les ayudarán a mantener la atención del auditorio. Entre ellas, podemos diferenciar:
- Recursos expresivos: el estilo.
- Recursos fonéticos: la dicción, la elocución.
- Recursos visuales: la presencia, los gestos.
3.1.2.1. Recursos expresivos: el estilo
El estilo lo podemos definir como la forma personal de realizar nuestros actos.
A la hora de transmitir los conocimientos al grupo-clase, el estilo pasa a ser una pieza fundamental para atraer la atención de los/as alumnos/as.
A continuación, exponemos una serie de características de estilo que debe tomar en consideración el/la docente en cualquier auditorio y que facilitarán su labor:
¸ En cualquier conferencia o diálogo, la brevedad  en exponer ideas es una virtud; es decir, que al exponer una idea debemos hacerlo de la forma más sintética posible y evitar caer en parrafadas que dificulten  la comprensión del mensaje emitido.
¸ La brevedad se completa con la claridad, dado que de poco serviría que fuésemos breves en un discurso sin ser claros y sencillos al exponer las ideas, dando lugar a la incomprensión de los oyentes. Para ello, el/la docente deberá evitar el uso de una terminología demasiado especializada que esté en desacorde con el público al que se dirige. Debemos adaptar nuestro lenguaje al público que nos dirigimos.
¸ Hemos de evitar, por otra parte, utilizar el mismo ritmo a lo largo del comunicado; es decir, ser monótonos. Para conseguirlo, utilizaremos debidamente las pausas, evitaremos las muletillas y controlaremos la respiración para no cortar el ritmo de las palabras.
¸ Utilizar las frases directas para dirigirse al alumnado, como si se hablase de persona a persona.
¸ Otro recurso muy utilizado por los/as distintos/as docentes es el uso del humor, la ironía y la exageración; si bien es cierto no conviene abusar de ellos.
¸ Por último, señalaremos que todo lo citado anteriormente quedaría en un pozo sin fondo si el/la docente no siente y cree lo que está contando: sentimiento y credibilidad. Identificarse con el discurso es una pieza fundamental para dar veracidad   al contenido del discurso y lograr la atención del oyente y la comprensión sobre el contenido expuesto.


3.1.2.2. Recursos fonéticos: elocución y dicción
El término elocución hace referencia a la manera de hablar para expresar los conceptos. Hay que distinguir tres elementos clave en este término: tono, intensidad y timbre.
El  tono es una cualidad de los sonidos que permite ordenarlos de graves a agudos y hace referencia a la manera de contar las cosas. En una intervención en público es fundamental el cambio de tono, evitando caer en la monotonía y, por tanto, captar la atención del cliente.
La  intensidad la definimos como el grado de energía de la expresión; es decir, la fuerza de emisión de la voz al hablar. En una ponencia en público  hay que saber jugar con la intensidad de la voz, subirla o bajarla para recalcar algo, captar la atención perdida de algunos/as oyentes, etc.
El timbre es el modo característico propio de hacer sonar su voz una persona.
Por otra parte, el término dicción se define como la manera de pronunciar una palabra. Se distinguen dos partes: articulación y vocalización.
La articulación se refiere a la pronunciación de las consonantes.
La vocalización está referida a la pronunciación de las vocales.
Podemos comprobar que la dicción está estrechamente ligada con las peculiaridades del habla dependiendo de la región. Evidentemente, estas peculiaridades las debemos mantener siempre y cuando no sean muy exageradas y dificulten la comprensión del contenido.
3.1.2.3. Recursos visuales: la presencia y los gestos
En este apartado hacemos referencia a la comunicación no verbal, que es un lenguaje tanto o
más importante que la comunicación verbal.
El/la formador/a ha de tener en cuenta, para ello, los siguientes elementos:
¸ La postura del cuerpo: son muchas las hipótesis que se han creado en torno a las posturas más adecuadas a la hora de emitir un discurso. Unos/as piensan que es sentado/a, otros/as que dando paseos, etc. La posición sentada favorece la calma, permitiendo un diálogo más pausado y más familiar. Por el contrario, una posición de pie permite mensajes más dinámicos; pues facilita los movimientos del que habla. No obstante, hemos de tener en cuenta que la manera de impartir la clase irá en función del desarrollo de la misma.
¸ Gesticulación de los brazos: el uso de los brazos y manos debe ir acompañando y reforzando al discurso; siempre teniendo en cuenta evitar las exageraciones.
¸ Contacto visual: el/la docente debe intentar mirar a los/as alumnos/as , esforzándose en mirar a cada uno/a de ellos/as. De esta forma se creará un ambiente favorecedor para el feedback.
¸ Gestos faciales: uno de los recursos expresivos era el sentir y creer lo que se dice. El rostro será uno de los elementos que delate el sentimiento que el/la docente tiene acerca del discurso.
Además de lo comentado anteriormente, existen otros  elementos que también pueden favorecer el proceso de comunicación:
*  El uso del espacio: la proximidad espacial en el aula entre el/la formador/a y los/as alumnos/as influye en la calidad y tipo de interacción que se establece entre ellos/as. No debemos mantenernos muy distantes del alumnado; pero tampoco invadir su espacio aproximándonos demasiado.
* El aspecto físico: Es fundamental que la imagen que transmita el/la formador/a sea positiva para el alumnado. Teniendo en cuenta que  no podemos influir mucho sobre nuestros rasgos físicos, nos centraremos en aquellos que sí podemos manipular: los adornos y las prendas de vestir. La manera adecuada de vestir cuando impartimos un curso depende de la situación y siempre ha de estar en consonancia con el colectivo de alumnos/as al que nos enfrentemos.
Debemos buscar siempre en nuestro comportamiento como formadores/as, y con el fin de  conseguir buena comunicación, una coherencia entre lo que decimos (la comunicación verbal) y cómo lo expresamos (la comunicación  no verbal), para que la interpretación de los mensajes, por parte del alumnado, sea correcta y no genere desconfianza o incertidumbre.
3.1.3. El/la Orador/a y sus características
Una vez mencionados una serie de recursos y técnicas de expresión oral que permiten al/ a la orador/a enfrentarse a un auditorio, citaremos unas características necesarias que deben tener en cuenta cualquier orador/a para establecer un buen proceso de comunicación:
*  Naturalidad:  El/la buen/a orador/a debe actuar siempre de la forma más natural posible. Debe intentar hablar de la misma forma que hace cuando se relaciona con sus compañeros/as de trabajo, su familia, etc.; aunque de todas formas, hay que adaptarse al contexto, pero siempre de forma natural; es decir, sin forzar los tonos, el acento, etc.
* Sinceridad: Para lograrla, el/la orador/a debe creer en lo que expone, pero siempre de una forma objetiva, con una base que respalde cada una de las ideas o experiencias que expongan. Del mismo modo, debe aceptar los errores en público en el caso de ser debatido con fundamento y reconocer el desconocimiento de algo, evitando así divagar de algo que no se sabe y propiciar un clima poco favorable para el desarrollo del discurso.
*  Confianza: Gracias a la sinceridad expuesta en los discursos se consigue la confianza de los/as oyentes, característica que determinará el buen funcionamiento de la oratoria. Si además de la sinceridad somos capaces de transmitir seguridad en sí mismo, el poder de convicción será muy alto. Por el contrario, si el auditorio observa que somos reservados, contribuiremos a crear una barrera poco comunicativa entre todos los agentes del discurso.
* Entusiasmo y energía: el/la orador/a debe transmitir entusiasmo y energía a los/as oyentes, favoreciendo la comprensión del discurso y la participación en el mismo.
3.1.4. Interferencias o barreras a la comunicación
Las podemos definir como todos aquellos obstáculos que, originados en alguna parte del         proceso comunicativo, desvirtúan o impiden dicha comunicación.
En los procesos de enseñanza-aprendizaje, es necesario comunicar con la seguridad y garantía de que el mensaje del/ de la formador/a llegue al alumnado con toda claridad.
A continuación, exponemos una serie de elementos que pueden bloquear el proceso de comunicación didáctica:
* Enmascaramiento de la conducta:
Consiste en la adopción o simulación de expresiones, gestos, posturas, etc.
* Interpretación personal del mensaje del/ de la docente:
Nuestras percepciones de la realidad están mediatizadas por los propios intereses, actitudes, personalidad, valores, etc.; por ello, lo que una persona valora, gusta, rechaza o juzga como bueno puede determinar su modo de captar un mensaje. Otra de las causas de la interpretación es el significado que cada persona aplica a las palabras.
* Falta de atención, tanto del/ de la docente como del alumnado:
Cuando los intereses personales no se relacionan con el asunto objeto de comunicación, interfieren e impiden fijar la atención.
* Objetivos poco claros y comunicaciones no estructuradas:
No podremos esperar que los/as alumnos/as entiendan el mensaje si éste no ha sido previa y claramente pensado y estructurado.
Un signo indicativo de comunicaciones con objetivos poco claros y, por tanto, mal estructuradas, serían aquellas que aportan mucha información irrelevante o poco significativa.
* Las expectativas:
Todos/as tendemos a tener ideas preconcebidas sobre lo que las personas quieren decir, y esas ideas sobre lo que esperamos oír, esas expectativas, pueden afectar a lo que escuchamos, además de disminuir nuestra atención.
* Percepciones erróneas:
Aunque dos personas reciban los mismos estímulos visuales y auditivos, pueden percibirlos de
modo diferente. Nuestra percepción de lo que se comunica estará estrechamente ligada a nuestra experiencia anterior, expectativas actuales, sentimientos, valores y actitudes.


* Errores en el uso del código:
Las palabras que utilizamos para decir una idea o concepto, a veces pueden ser inadecuadas o poco familiares para la persona que escucha. Estos fallos constituyen un impedimento en el alumnado para captar el mensaje que queremos comunicarle.
* Olvidos y modificaciones:
Es muy frecuente que si después de la exposición, el/la docente  pregunta al alumnado sobre lo que ha comunicado, se encuentre con casos como:
- Que hayan olvidado parte de lo que se ha comunicado.
- Que se altere el orden de aquello que se ha expuesto.
- Que inventen cosas.
Todas estas situaciones dañarán la comunicación y, por ello, el/la docente debe asegurarse de que la exposición ha sido recibida tal y como pretendía. Para ello, es conveniente solicitar retroalimentación al alumnado.
* Presentación de excesiva información para procesar en poco tiempo.
* Uso discriminatorio del lenguaje.




3.1.5. Estrategias para mejorar la comunicación
A continuación, una vez que hemos visto cuáles son algunos de los elementos que intervienen o dificultan la comunicación, exponemos algunas de las estrategias de las que el/la docente puede hacer uso para mejorar la comunicación y/o evitar que se produzcan este tipo de dificultades:
* Empatía:
Es la capacidad de penetrar en el mundo subjetivo de las demás personas y poder participar de sus experiencias. Para ello, no hay que captar sólo el nivel verbal de contenido intelectual, sino lo que hay detrás de las palabras y los gestos: la situación personal afectiva y emotiva de la otra persona. La empatía consiste en la capacidad de ponerse plenamente en el lugar de la otra persona; es decir, ser capaz (más allá de lo que la otra persona nos dice explícitamente) de pensar, de sentir adecuadamente lo que ella siente.
* El respeto positivo incondicional:
Consiste en que nuestra mirada a la otra persona sea sincera y limpia de prejuicios. Se ha de renunciar a la actitud evaluadora o enjuiciadora del mundo privado de la otra persona.

* La retroalimentación:
Como la mejor manera o estrategia de conocer la interpretación que el alumnado hace del mensaje que se les transmite. Ésta puede ser:
- Verbal: del/ de la docente al alumnado, o del alumnado al/ a la docente.
- Escrita: como una prueba de evaluación inicial sobre un tema dado.
- Gestual: gestos, miradas, etc.
* La escucha activa:
Como docentes debemos desarrollar esta habilidad, ya que si realmente nos dedicamos a escuchar, haciendo preguntas y atendiendo a las respuestas, comenzaremos a colocarnos en el lugar del/ de la otro/a y desarrollaremos la empatía. Cuando esto suceda, estaremos en la mejor disposición de encontrar un lazo común con nuestro alumnado y de mejorar las relaciones humanas. Algunas estrategias para mejorar la escucha activa son:
- Mentalizarnos de la importancia de escuchar.
- Respetar el modo particular de pensar de nuestro/a interlocutor/a.
- Expresar nuestra disposición a escuchar.
- Mostrar una actitud receptiva con gestos y con el cuerpo.
- No interrumpir a la persona que habla.
- No juzgar o valorar lo que diga nuestro/a interlocutor/a.
- No ofrecer ayudas o soluciones antes de que nuestro/a interlocutor/a haya acabado.
- No pensar en lo que vamos a decir mientras la otra persona habla.
- No contra argumentar.
- No hablar tanto.
- Cuando hayamos escuchado debemos argumentar “cómo” respondemos.
3.1.6. El estilo de comunicación asertivo o positivo
La aserción es el arte de expresar clara y concisamente tus deseos y necesidades mientras se
es respetuoso/a con el punto de vista de la otra persona.
Características:
- Comportamiento firme con una comunicación clara y directa sin ser ofensiva.
- Utilización de mensajes “Yo” (deseo, opino...) en los que se indica con claridad el origen personal que no impositivo, de los deseos, opiniones o sentimientos.
- Expresión social adecuada: relajada, tono de voz firme y espacio interpersonal correcto.
- Se orienta por los objetivos y solución de problemas; y aún no siendo posible conseguirlos o solucionarlos, la persona se siente mejor al haber sido capaz de expresar sus sentimientos.
- Es un estilo democrático de comunicación.


- Utiliza la escucha activa.