INTRODUCCIÓN
En el aprendizaje no sólo influyen
los objetivos, métodos y técnicas, sino que la relación persona a persona es un
aspecto central en la formación, el ambiente humano será el resultado de estas
relaciones.
Los estilos de enseñanza o estilos
de dirección son los modos o formas en que el docente enfoca su comportamiento
en la formación. Estos modos están Influenciados por la filosofía, ideas e
incluso por la concepción del mundo y ti 1 hombre por parte del formador. Y aquí
la personalidad del docente, va a r el molde de sus acciones y el modelo de sus
alumnos. La actitud y el método de dirección del formador crean una auténtica
umósfera de la que dependerá que aumente o disminuya el placer que el grup
iente en la situación de formación y en consecuencia la eficacia del
aprendizaje.
El formador debe desempeñar varios
roles en el aula, uno de estos roles S el formador como animador y líder del
grupo. Bany y Johnson (1975) ircen que el liderazgo es esencial para una enseñanza
eficaz, de tal forma que uno de los factores que conducen al éxito de un
formador es el desarro 11 de una atmósfera psicológica positiva, en la que los
alumnos puedan trahojar y aprender. Por tanto los objetivos de la dirección en
el aula deben ser d : desarrollar una actitud psicológica positiva y hacer
eficaz el aprendiI je.
Bany y Johnson (1975) dividen la
tarea del formador en tres grandes esquemas de actividad:
El formador como
líder de un grupo debe facilitar y mantener un entorno positivo para el
aprendizaje que permita la realización de las actividades de instrucción y
evaluación. Un grupo que se halle desorganizado, que no tenga claros sus
objetivos o que no esté cohesionado no será un buen grupo para el aprendizaje.
Por tanto el formador
debe ayudar al grupo a identificar sus propias necesidades y proponer sus
objetivos, a realizar lo que se ha decidido y a evaluar lo realizado, debe
cuidar de que el grupo permanezca fiel a los objetivos propuestos, debe
garantizar la unión entre los miembros del grupo y debe motivar a los alumnos
hacia el aprendizaje (Beauchamp, Graveline y Quiviger, 1985).
Vamos a definir
tres estilos de dirección: estilo autoritario, estilo democrático y estilo
laissez-faire (Gibb, 1971; Aubry y Saint-Arnaud, 1972; Beauchamp, Graveline y
Quiviger, 1985; Woolfolk y McCune, 1983). Cada formador realiza su trabajo de
dirección del grupo conforme a su temperamento, según uno de los tres estilos
de dirección. Esto es cierto, pero sólo en parte, porque ningún formador puede
ser encasillado a priori y para siempre en un determinado estilo de dirección,
como sucede con cualquier conducta docente hay que cambiar/o cuando la
situación exija un cambio.
Resumimos las
características del estilo autoritario
en las siguientes:
• Hay un estricto control por parte del
docente que marca los objetivos, planifica las tareas, elige los materiales,
evalúa el trabajo y fija las normas de la clase sin contar con los alumnos.
• Indica el trabajo etapa por etapa
dando un mínimo de información a los alumnos sobre el proceso total del
trabajo.
• Se itúa fuera del grupo en posición de
superioridad, dirigiéndose a los alumnos individualmente Y no al grupo y
adoptando un tono de autoridad.
• El marco de encuentro estará previsto
por el docente de antemano y no discutirá de ello con el grupo.
• Como los objetivos son marcados por el
propio docente, sin participación de los alumnos, será muy estricto en cuanto a
la fidelidad a estos tal como él los
entiende, en caso de que se produzca desacuerdo en el grupo impondrá su
parecer.
• Preverá las actividades y
procedimientos de antemano sin aceptar las sugerencias del grupo ni
desviaciones de ningún tipo.
• En el grupo las relaciones se
centrarán en el formador pero hay poca comunicación, el clima es tenso y hay
mucha hostilidad y agresividad movilizándose deseos de revancha en los miembros
del grupo que procurarán satisfacer/os con los miembros más débiles del mismo
que se verán transformados en chivos expiatorios.
• En cuanto a la participación, es el
formador quien lo dirige todo, los alumnos harán lo que el formador les diga
pero sin iniciativa ni ingenio alguno, el «yo» prevalece sobre el «nosotros».
• Con respecto a la evaluación el formador tiende a
no hacer/a, pero si se ve obligado impondrá su criterio y su manera personal de
realizar/a, evitando que se le cuestione. Teme las reacciones del grupo y su
evaluación.
El estilo
democrático se concreta en las siguientes características:
• El formador conserva la dirección del grupo
pero le presta ayuda para discutir a fondo la solución a problemas y tareas.
• Ánima al grupo a organizarse como tal,
procurando mover a todos los alumnos hacia una colaboración activa en los
problemas respectivos.
• Al indicar el trabajo indica su
significado total, el núcleo central lo constituye la tarea como asunto común.
• Prevé el marco de encuentro de
antemano, pero discute con el grupo de ello para introducir mejoras o cambios.
• Para la elección del objetivo ayuda al
grupo a escoger pero es el grupo quien decide su propio objetivo. Una vez hecha
la elección del objetivo mantiene al grupo en el objetivo que se ha marcado.
Así mismo propone un abanico de procedimientos y actividades y solicita al
grupo que elija y proponga otros nuevos, manteniéndolo luego en dicha elección.
• Favorece la comunicación entre los
miembros del grupo y con el formador mismo, dice «nosotros» cuando se dirige al
grupo, facilita la actividad espontánea y la predisposición al trabajo común,
crea :xn clima distendido de confianza y amistad que hace eficaz el
aprendizaje.
• El reparto de tareas se hace en común
todos toman iniciativas y tienen responsabilidades.
• En cuanto a la evaluación es muy
importante para el formador democrático, que evalúa todos los aspectos posibles
y da participación al grupo para escoger los mecanismos de la misma, no teme la
evaluación porque aunque el grupo lo evalúe negativamente ve en ello una
oportunidad de mejorar.
El estilo de dirección laissez-faire parte del concepto de que un grupo despliega sus propias fuerzas por
sí solo, con tal que se le deje posibilidad suficiente para ello. Tiene las
siguientes características:
• El formador deja que todo suceda de
una manera pasiva, condescendiente y sin intervenir, desinteresándose del
proceso formativo y esperando que el grupo resuelva los problemas por si solo.
• En relación al marco de encuentro, el
docente a parte del lugar prácticamente no prevé nada más.
• En cuanto al objetivo plantea su'
elección de un modo muy general pero deja que el grupo vaya a su aire, por lo
que puede suceder que no sea elegido por el grupo, sino por los líderes
naturales del mismo que lo impondrán a los demás miembros haciendo surgir en
ellos sentimientos de frustración.
• Igual sucede con las actividades y
procedimientos que apenas son propuestas por el formador, por lo que el grupo
es requisado por sus líderes aún cuando ello no convenga a todos.
• Las relaciones en el grupo son
inestables, se da el aislamiento de determinados miembros y hay una impresión
de ineficacia y pérdida de tiempo. Reina un sentimiento de desconcierto e
inseguridad dentro del grupo que provoca desamparo en los miembros más
impulsivos y terror en los más débiles. Se produce así un desmoronamiento del
grupo con tendencia a la formación de clanes y pandillas y crecientes
rivalidades.
• La participación es vacilante, el
formador deja hacer, surgen iniciativas por parte de algunos miembros (líderes)
y pasividad por parte de otros.
• El formador no piensa en la evaluación
y si lo hace es de un modo muy general y superficial.
La elección de uno
u otro estilo de dirección va a depender del tema que el docente enseñe, de las
capacidades y expectativas de sus alumnos y de su propia personalidad. A modo
general podemos decir que: cuanto más autoritario es el formador el grupo se
siente más insatisfecho, cuanto más democrático es el formador más tiende el
grupo a participar activamente y a abrirse, habrá más agresividad y oposición
en el grupo dirigido por un formador autoritario que será más dependiente y
menos original.
En todo proceso
formativo que pretenda el crecimiento y desarrollo de las personas y los
grupos, una dirección democrática será la única válida a largo plazo, aunque a
corto plazo no parezca ser siempre la más eficaz. En situaciones en las que se
busque la eficacia y el rendimiento inmediato será más apropiado otro tipo de
dirección.
Es importante
elegir el estilo de dirección adecuado en cada momento para que el aprendizaje
sea eficaz y para desarrollar en los alumnos actitudes de cooperación y de
autonomía, por eso es de vital importancia que en formación de formadores los
alumnos conozcan las características de cada uno de los estilos de dirección
así como sus repercusiones, y estén preparados para en un futuro elegir el
estilo de dirección adecuado.


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